Cáritas Diocesana de Sant Feliu de Llobregat publica la Memoria de 2018

La acción de Cáritas Diocesana, en las comarcas del Alt Penedès, Baix Llobregat, Garraf y parte de la Anoia, ha beneficiado 14.326 personas. Una situación de precariedad que se cronificando en las más de 4.970 hogares atendidos durante el 2018


Hoy día de Corpus, Cáritas Diocesana de Sant Feliu de Llobregat hace pública su memoria social, que recoge la acción de las diferentes Cáritas integradas bajo el mismo NIF de la Cáritas Diocesana de Sant Feliu de Llobregat (Barcelona, ​​Baix Llobregat, Garraf y parte de la Anoia).

Gracias a la labor de las 911 personas voluntarias de las diferentes Cáritas parroquiales y interparroquiales, donantes, socios y colaboradores, Cáritas continúa ayudando a las personas en situación de pobreza y luchando por su dignidad y sus derechos.

El balance de este 2018, nos confirma lo que ya hace tiempo que hemos ido observando desde Cáritas Diocesana de Sant Feliu de Llobregat, que a pesar de haber superado este periodo de crisis que comenzó en 2007 y ha durado hasta 2017, aunque hay heridas abiertas que no terminan de cicatrizar.

La precariedad laboral, en forma de contratos temporales o a tiempo parcial y de sueldos insuficientes unidos al elevado precio de la vivienda o los suministros, son los principales obstáculos que se encuentran las familias y que las conducen a una situación de exclusión. Esta realidad se agrava en el caso de las personas en situación administrativa irregular, que ven vulnerados derechos tanto básicos, como la sanidad, el trabajo o la participación y a menudo son víctimas de prácticas abusivas o de explotación laboral.

Nos encontramos en un escenario post crisis, que ha dejado muchas heridas abiertas en los hogares más desfavorecidas que no terminan de cicatrizar y lo hemos ido constatando estos últimos años, donde a pesar de se han ido reduciendo el número de hogares o personas atendidas, no ha pasado lo mismo con el número de atenciones y el gasto en acción social, que se ha mantenido o ha aumentado ligeramente. Las personas que estaban en una situación de precariedad más severa durante la crisis, no sólo no han conseguido mejorar, si no que han quedado en una situación más frágil todavía y por lo tanto han requerido una intervención más intensa y durante más tiempo por parte de Cáritas. Lo apreciamos también en el hecho de que cerca del 70% de las personas que hemos dado, se les ha tenido que apoyar en la cobertura de las necesidades más básicas.

Hace unos días en la presentación del VIII Informe FOESSA sobre exclusión y desarrollo social en España, Cáritas ya advertía de este aumento de aproximadamente 1,2 millones de personas en situación de exclusión, respecto a 2007 (antes de la crisis). Nos encontramos una sociedad polarizada donde cada vez es mayor la brecha entre las clases más acomodadas y aquellas en situación de mayor precariedad.

El acceso a la vivienda se convierte en un derecho prácticamente inaccesible para una gran parte de la población, debido a los elevados precios de los alquileres, que les imposibilita poder mantener sus hogares y les deja en una situación de incertidumbre y de inestabilidad. También la precariedad laboral, se está convirtiendo en una forma de vida; la temporalidad o la parcialidad de los contratos y los sueldos bajos, imposibilitan poder estabilizar la situación de una parte importante de los hogares, que alternan periodos de empleo con periodos de paro. Estas condiciones de precariedad laboral aún son más graves en el caso de las mujeres.

Una de cada dos hogares donde hemos intervenido desde Cáritas Diocesana de Sant Feliu de Llobregat, está formada por familias con hijos y una de cada cinco, está formada por madres solas con hijos. Constatamos por tanto, que los hogares donde hay niños a cargo viven una situación de mayor vulnerabilidad y también una mayor riesgo de que esta situación de pobreza se pueda transmitir de manera intergeneracional.

Como sociedad, tenemos el reto de revertir esta situación de polarización, porque necesitamos abordarla como comunidad para romper también este realidad de individualidad. Por una parte desde Cáritas vemos que hay que garantizar a las personas, el acceso a una vivienda digna para poder cubrir esta necesidad y derecho básico, así como garantizar también unos ingresos mínimos para todas aquellas personas en situación de exclusión severa. Necesitamos unas políticas que protejan y garanticen los derechos y la dignidad de las personas en todas sus dimensiones.

Hay que empezar a cicatrizar la herida más grave que tenemos como sociedad que no es otro que la desigualdad. Sólo lo podremos hacer si trabajamos de manera conjunta las administraciones públicas, las entidades del tercer sector, las empresas socialmente responsables y las iniciativas ciudadanas, poniendo a la persona en el centro y buscando nuevos caminos que nos lleven hacia una sociedad más justa, sostenible y respetuosa con el medio ambiente.

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