El Valor de la Fragilidad

La fragilidad es innata al ser humano. Estamos llamados a ser comunidad para que nada de lo humano nos es indiferente. Todos somos responsables de todos.



Este año queremos hacer hincapié en la necesidad de ser comunidad, ante la fragilidad de las personas que nos rodean, no podemos permanecer indiferentes, porque todos somos responsables de todos. Trabajar por la justicia no es solamente velar para que cada uno tenga lo que le corresponde, sino que también exige dar parte de lo que tenemos y somos para compartir con el otro.

La comunidad es aquel espacio donde se nos permite acompañar, pero también ser acompañados, es un espacio de anuncio pero también de denuncia, donde el que sufre puede encontrar consuelo y donde se hace posible el cambio, optar por otro estilo de vida que nos acerque más a un mundo diferente donde la dignidad de las personas y el cuidado de la casa común sean el verdadero centro de nuestras acciones.

Las personas que formamos parte de la sociedad humana, y en concreto los cristianos debemos procurar el logro del derecho al desarrollo integral de toda la comunidad, nuestra acción debe comprometerse a alcanzar las plenas condiciones para el ejercicio de la dignidad humana de todos y cada uno de los seres humanos.

Somos responsables de cuidar la casa común, que es nuestro planeta. Necesitamos abandonar el modelo extractivo que ha imperado hasta ahora y que ha ido agotando los recursos naturales, el sistema de productividad y consumo exagerado, que ha tenido graves consecuencias en términos de contaminación y de cambio climático, pero sobre todo porque ha generado desigualdades, que nos han abogado al que Francisco llama economía del descarte.

Millones de personas sufren esta pobreza extrema y son víctimas de esta economía del descarte, porque la sociedad no les reserva ningún espacio, a menudo se ven obligadas a dejar sus hogares y sus países, buscando refugio y nuevas oportunidades. Todos debemos tener derecho a vivir dignamente y desplazarnos por la casa común, derecho a movernos dentro de nuestra casa, porque todos somos migrantes buscando nuevas oportunidades, intercambio, acogida, participación, paz y seguridad.

El sistema económico actual está dejando marcas y heridas a nuestra tierra, y estas actividades son las que generan esta realidad de desigualdad y exclusión tanto grandes, dejando de garantizar los derechos fundamentales de las personas y los pueblos.

Si queremos sobrevivir como humanidad y superar nuestras fragilidades, estamos llamados a ser en comunidad, vivir en fraternidad y buscar el equilibrio, la sostenibilidad en nuestra relación con los demás y en la relación con el planeta, que es nuestra Casa común.

Cuando estamos ya a las puertas de la Navidad, pensamos en la fragilidad del niño acostado en el pesebre, en la fragilidad de tantas personas en nuestro entorno y en nuestras propias fragilidades, que nos hacen ser concientes de la necesidad de contar con los otros. La necesidad de transformar la soledad y la indefensión individual, en la fuerza y ​​la potencialidad de la comunidad. No podemos permanecer indiferentes ante el sufrimiento de los demás.

Os deseamos un Muy Feliz Navidad!




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